Los defensores de El Yunque no son de El Yunque

Parece un trabalenguas, pero no solo los defensores de El Yunque no son de El Yunque -generalmente- sino que, además, suelen desconocer su existencia.

Cada vez que se censura una actividad de El Yunque -no importa por parte de quien-, tanto si crítica un ciudadano de a pie como si lo hace un obispo, siempre hay quien se escandaliza.

Los defensores de las iniciativas acusadas de estar controladas por El Yunque alegan -y suele ser verdad- que ellos no son, ni conocen qué es este grupo.

Suelen referir que tienen trato -incluso amistad- con a los organizadores y que son excelentes personas y magníficos cristianos. ¿Por qué lo dicen? Lo dicen simple y llanamente porque -normalmente- así lo creen.

Los defensores de El Yunque no son de El Yunque

No juzgaremos desde aquí quién es buena persona y quien no, ni quién trata de ser un buen cristiano y en qué medida lo logra. Nuestro cometido, simplemente, consiste en denunciar las maneras de actuar de esta sociedad secreta anticristiana y de sus miembros.

Pero no nos desviemos del asunto que nos ocupa y vayamos un paso más allá.

Si -habitualmente- los defensores de El Yunque no son de El Yunque, ¿qué les mueve a defenderlo?

Como hemos dicho antes, el creer conocer en profundidad a unas personas que les están ocultando sus verdaderas intenciones.

Este desconocimiento, escondido bajo la percepción de todo lo contrario hace que perciban una injusticia. El defensor de El Yunque no comprende las críticas y defiende una idea que le han hecho creer.

Quien defiende a El Yunque y sus iniciativas cree en lo que dice, pero no sabe lo que en realidad defiende. No comprende que quien debería luchar -y seguramente luche- por un bien, critique a quien el defensor cree que también lo hace.

Los defensores de El Yunque no son de El Yunque

¿Ésta regla se cumple siempre?

No, pero casi. Hay dos excepciones: Los empleados y sus dependientes.

Los empleados de El Yunque -oficialmente de sus asociaciones tapadera- son un grupo muy pequeño de personas -muy bien pagadas- dispuestas a hacer todo el ruido necesario para hacerse oír por encima de las críticas. Habitualmente son los más agresivos.

Los dependientes son personas que tampoco suelen pertenecer a El Yunque. En principio no cobran un sueldo fijo, pero dependen económicamente de ésta sociedad secreta, ya sea para mantener a su familias o para sostener sus negocios.

Por tanto, los defensores de El Yunque no solo no son de El Yunque, sino que además, son víctimas directas de un engaño por el que se desviven y,-creyendo hacer el bien- fomentan el mal, llegando incluso a distanciarse públicamente de la Iglesia.

Texto revisado por Francisco de Asís.

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